Shem, el esclavo huido
“El esclavo Shem ha huido de la casa de su noble amo Hapú, el tejedor. Todos los buenos ciudadanos de Tebas están invitados a participar en su búsqueda. Es un hitita de cinco
pies de alto, de robusta complexión y ojos castaños. Se recompensará a la persona que proporcione datos para encontrar a Shem, con media moneda de oro. La persona que lo capture y lo devuelva a la casa de Hapú, el tejedor, será recompensada con una moneda de oro. La Casa de Hapú ofrece las mejores telas de Tebas.”
Esta es la traducción de un papiro encontrado en la antigua ciudad egipcia de Tebas, tiene una antigüedad aproximada de unos 3000 años y actualmente se encuentra en el British Museum.
Este papiro, especial por diversos motivos que luego les explicaré, es la piedra angular de todo lo que verán aquí a partir de ahora, se podría decir que el espíritu de este nuevo cuaderno, y con él me permito inaugurar, por fin, esta nueva etapa.
La fuga de Shem simboliza el nuevo comienzo, lleno de incertidumbres, de retos, y sobre todo, de un mayor control sobre la vida de este espacio mío. Como muchos de ustedes sabrán, a lo propio se le coge cariño aunque sea malo, y estos cuadernos no son una excepción, así que, como Shem (y tantos otros) decidí emprender fuga y librarme de la tiranía de los portales gratuitos, especialmente de aquel que me tenía subyugado y martirizado.
Como les decía, el antiguo documento tiene un trasfondo que lo hace único. La última frase, remarcada en cursiva, lo ha convertido en el que se considera el anuncio publicitario más antiguo que conocemos hasta la fecha (esto de la publicidad, como ven, viene de lejos). Hapú, el tejedor, no pudo evitar promocionar sus telas añadiendo esta frase en el cartel de busca y captura del esclavo. No podemos afirmar que fuera el primero de la historia pero es una buena aproximación que daría respuesta a una de tantas preguntas absurdas que yo me suelo hacer, del tipo: “¿Cuál sería el primer cartel publicitario?”… Quizá por eso me encanta este papiro.
Otro de los trasfondos, este más a nivel particular, es una reflexión que se me ocurrió no hace mucho, cuando habiendo decidido ya el nombre del cuaderno aún estaba retocando el diseño y haciendo las primeras pruebas. Piensen por un momento en la historia del papiro, en Hapú, el tejedor, en la fuga de Shem, en la recompensa ofrecida… Quizá ahora estén un poco condicionados por todo lo que les he dicho, pero hagan el esfuerzo de recordar la primera impresión de la primera lectura.
No creo equivocarme demasiado si afirmo que todos, de forma inconsciente, le habremos dado un final a Shem. Algunos, como yo, habrán hecho de su fuga un éxito e imaginaremos que nunca más se supo de él, que empezó una nueva vida en otro lugar (no sin antes enfrentarse a infinidad de adversidades). Otros tal vez lo imaginen cazado de una pedrada por algún ciudadano de Tebas que se encontró con la oportunidad fácil de ganarse una moneda de oro. O quizá alguien lo ha visualizado muerto en el desierto pues la incontrolable y desesperada fuga le llevaría hacia las dunas, ignorando, quizá por el horror de lo vivido y el miedo de revivirlo, el peligro que tenía por delante. Es posible incluso que algún lector despistadillo en cuestiones de historia lo viera montando un chiringuito de souvenirs a los pies de la esfinge de Gizeh… bueno, bueno, es válido, claro que sí, al fin y al cabo la historia solo es una base sobre la que apoyar la imaginación pero de ningún modo resulta imprescindible o no existiría la ciencia ficción… digo yo, sin demasiado convencimiento, no crean, pues entre este último grupo me suelo encontrar a menudo, y si en este caso no ha ocurrido es porque sé de sobras, por casualidades de la vida, que hace 3000 años no se habían inventado aún los turistas.
De todas maneras yo quería resaltar esa facilidad por la que la imaginación se dispara en cualquier dirección como un volcán pirotécnico, dependiendo de la persona e independiente de las voluntades, y actos como este, inconscientes e involuntarios, a veces hablan más de nosotros de lo que nosotros mismos podamos decir.
Dicho esto no me parece mal entonces haber puesto por título lo que a mí me sugirió esta historia, mi pedacito particular de materia incandescente que saltó del papiro sin tan siquiera pararme a pensar.
Seguiremos el rastro de Shem, perseguiremos su libertad, rastrearemos sus desventuras identificando por el camino las nuestras, trataremos de alcanzar como él algunos de nuestros sueños, y alguno atraparemos, seguro estoy de ello, porque este cuaderno no es más que un pequeño sueño que empezó con las locas situaciones de un dúplex y hoy ha crecido un poquito.
Vuelvan pronto.