Libertad creativa
De vuelta en el camino buscando el rastro de Shem. Me pregunto si alcanzaría finalmente la libertad. Mientras pienso en esto me encuentro de pronto con algo que me hace cuestionar mi propia libertad creativa y reflexiono.
No existe un antes y un después en el presente, solo en el pasado se puede dar esta circunstancia. Un antes y un ahora, eso es lo único que tenemos de manera permanente. Esta realidad nuestra, casi inmutable en este instante para nosotros, se derrama gota a gota por el transcurrir del tiempo y limita de forma inexorable las capacidades, el desarrollo personal porque aunque no nos demos cuenta quedamos encerrados brevemente en un segundo, desplazado continuamente por el siguiente, y así vivimos, minuto a minuto, siendo constantemente nosotros mismos. Tan solo percibimos el cambio mirando en perspectiva. Vagamos encerrados en infinitas islas temporales con una percepción de nosotros anclada en el segundo que transcurre. ¿Cómo liberarnos de esa percepción?
Destruyamos esta realidad. Rompamos las reglas por un instante. Liberemos de cargas nuestra percepción, tiremos el lastre de las normas, dejemos que el don surja sin control. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Dónde irá la mano en el lienzo? ¿Hasta qué punto damos libertad a nuestra creatividad? ¿Hasta qué punto la esclavizamos? ¿En qué medida la condiciona nuestra visión del mundo? ¿Es esa visión una limitación a la creación o una simple vía de interpretación?
Tal vez el resultado de esta reflexión explique de dónde surge la genialidad pues el genio se distingue, entre otras cosas, por tener no solo el don, sino también la capacidad de abstraerse del mundo y crear su propia realidad, una perspectiva que solo depende de sus normas, una interpretación libre de lo que ve, un espacio diáfano a la imaginación donde el don se mueve a placer e imprime en la obra toda la fuerza interior del genio.
Ahora, tras esta reflexión, observen detenidamente estas imágenes. Luego les cuento. (Pulsen en la primera imagen y en la parte superior derecha les aparecerá el botón NEXT para pasar a la siguiente).
Los dibujos que han visto pertenecen a un mismo artista. Estas imágenes son el resultado de un experimento que el gobierno americano realizó en los años 50. En él sometieron a un artista a una dosis de LSD, dejándole en una habitación con lápices y libertad para dibujar. Los dibujos son el resultado del efecto del LSD en el transcurso de las horas, la persona retratada el doctor que le atendía en todo momento. Observen cómo cambian sus dibujos a medida que pierde contacto con la realidad, el estilo va cambiando hasta llegar a la abstracción completa del modelo.
Dibujar bien requiere estar dotado de capacidades innatas, pero ¿es esto suficiente? Está claro que se puede llegar a ser un buen artista siguiendo las normas de estilo establecidas, sin embargo al genio se le atribuye la capacidad de romper, transgredir, y no podemos olvidar que en la mayoría de los casos existe ese puntito de excentricidad que los distingue. Posiblemente no sea más que el resultado de una realidad distorsionada, la visión particular de un mundo que los demás solo llegamos a intuir a través de sus obras.
Tras recapacitar un momento lo veo claro. Si Shem buscaba la libertad completa seguro que pasó por Ibiza, por lo menos un fin de semana. Allí me dirijo la semana que viene y durante ocho días rastrearé la isla en busca de alguna pista. Prometo llevarme lápices y si se da la circunstancia les traeré algún que otro dibujo abstracto.






