Dadme un punto de apoyo
Los nuevos comienzos son viejos conocidos. Vivimos un volver a empezar constante, una sucesión continua de diferentes escenarios. Las personas somos seres demasiado complejos como para llevar una vida simple. Nuestra naturaleza se revuelve implacable contra la monotonía y el desorden, la simplicidad y la extrema complejidad. Existe prácticamente la misma carencia de control en la invariabilidad y en el caos pues solo en el cambio percibimos la voluntad y voluntariedad de nuestros actos. Es en nuestras decisiones donde realmente sentimos que nosotros mandamos. A veces tan solo necesitamos eso, sentir que variamos el rumbo cuando nos lo proponemos, nos hace dueños de nuestro mundo.

Mirando esta reflexión desde una perspectiva un poco más alejada me doy cuenta de que podría defender con buenos argumentos lo contrario de lo anteriormente escrito y esto me lleva a la siguiente conclusión. El ser humano es el único animal que justifica, casi diría por necesidad, todos sus actos. Por eso mi reflexión, fruto de mi estado actual, en realidad no es más que una auto justificación necesaria. Y en mi pueblo una justificación se conoce vulgarmente como excusa.
Se equivocó el gran matemático. Dadme una excusa y moveré el mundo. Mi mundo. Para variar.