Tras el rastro de Shem

Me cago en la puta

4 Marzo 2007

Me cago en la puta

Domingo. Me levanto pronto después de haberme acostado muy tarde así que vuelvo a sentir esa sensación de inacabado descanso, espesura corporal y ánimo adormilado. Pese a todo mi cuerpo parece responder con cierta agilidad a mis órdenes. Mientras desayuno repaso mentalmente todas aquellas cosas por las que tendré remordimientos al acabar el día. Es la misma lista de anoche, esa lista de cosas que tenía que hacer hoy. Decido posponer la mayoría para la semana siguiente mientras cae la primera madalena en el Cola Cao, e indefinidamente las demás con la segunda. Acabo de desayunar contento porque hoy ya no tengo que hacer nada.

Pierdo la mañana haciendo otras cosas que luego, inexplicablemente, recordaré como si no hubiera hecho nada. Salgo a comer. Esta semana me he portado bien, mi dieta ha sido sana y equilibrada así que decido castigar el cuerpo para que no se acostumbre. Menú rápido que mi estómago arrastrará toda la tarde. Hace un día cojonudo, mucho sol y el termómetro marca 26 grados. Decido volver a casa hasta que se me ocurra como aprovecharlo sin demasiado esfuerzo.

Conduzco hasta las inmediaciones de mi edificio, debo rodearlo para entrar en el parking. Veo un camión de bomberos justo delante de la portería, justo debajo de mi piso. Freno, saco la cabeza por la ventanilla buscando humo en mis ventanas. Nada, no hay humo. Tampoco veo agua. Ni rayos ni truenos, pero hay un camión de bomberos, algo pasa. Aparco y me aproximo a la portería. Algunos de mis vecinos están fuera. Llego y saludo con un “qué coño pasa ahora”. Me asomo al rellano y está todo inundado, mi vista repara en que sale agua por las puertas de los ascensores. Debe ser un nuevo sistema hidráulico. Así, de entrada y sin pensar, me cago en la puta, que es ese ser anónimo que se lleva las primeras culpas cuando no sé aún a quien culpar.

Repito el saludo para que algún vecino me explique cortésmente qué coño pasa. El circuito de las placas solares que calienta los acumuladores ha reventado, y parece ser que también el acumulador del bajos 5ª, a juzgar por el agua que sale por debajo de su puerta. Bienvenido al club, yo fui el pionero de mi comunidad en reventar el acumulador. Por si no lo saben, el acumulador es una especie de termo calentado por energía solar, una medida de ahorro, ecológica y obligatoria desde hace un año más o menos (aquí en Cataluña, desconozco si es así en otros lugares) en todas las nuevas construcciones.

Genial, víctimas de la sostenibilidad chapucera y el ecologismo barato puesto en manos de las constructoras. Me dan ganas de tirar las botellas de vidrio en el contenedor de cartón, para joder, pero de inmediato me doy cuenta de que no tiene sentido cabrearse con el medio ambiente. Me cagaría en la puta pero ya lo he hecho sin resultados, podría probar con la madre del constructor por no haberle comprado un excalextric a su niño en lugar del tente, así ahora tendríamos un mal conductor de autobuses u otro taxista estándar y mi comunidad no estaría inundada, sin embargo se me ocurre una idea mucho más eficaz para el momento. Subo a casa. Entro y salgo disparado con lo necesario. Tengo un objetivo, ¿alguien puede poner freno a eso? No, claro que no. Me presento en el rellano ante todos mis vecinos con un mocho en la mano cual caballero con su lanza. No he sido el único, y lo que es peor, tampoco he sido el primero. Hay mucho héroe por este barrio, menuda mierda, ya ni en eso puedo destacar. Lástima, otra hazaña a mi altura que se me escapa de las manos. Tendré que conformarme con seguir siendo el vecino raro que vive sin tele.

Llega el pobre del bajos 5ª. Abre su puerta y corremos todos a chafardear porque mola un huevo ver un piso inundado cuando no es el tuyo. Sin embargo, ver tanta agua me trae tristes recuerdos cercanos. Por suerte para él nuestra morbosidad innata no invalida nuestra camaradería y entramos cinco o seis vecinos a ayudarle con el desastre. Mientras, mi vecina de abajo se enrolla y se ofrece a prepararnos unos cafés. Se ha quedado sin leche y yo me ofrezco a poner la mía, aunque dicho así suene fatal. Qué menos que compartir mi leche con los vecinos, aunque también suene fatal. Ya llegarán los tiempos en que tendré que repartir también mi mala leche entre algunos de ellos, pero hoy somos una piña, un equipo, una comunidad. Todos contra el agua.

Acabada la faena decidimos tomar nuevamente medidas legales contra la constructora (además de las ya iniciadas) porque estamos hasta las narices de que nos pasen cosas de este tipo. Nos juntamos seis y vamos a la comisaría de los Mossos d’Esquadra, los policías nacionales versión Estatut. Allí nos vienen a decir con buenas palabras que sabemos quejarnos muy bien pero que no tenemos ni puta idea de a quien hacerlo y que ellos no son los más indicados para cursar esa clase de cabreos colectivos. Ya en la calle pensamos que como lo nuestro es de juzgado de guardia  podríamos probar con el juzgado de guardia, a ver si allí alguien se traga nuestra mala hostia y nos podemos volver a casa más calmaditos. Como eso de los juzgados huele a funcionariado decidimos preguntar en la comisaría antes de ir. Efectivamente, nos dicen que los domingos no está abierto y menos si hace buen día, que el complemento “de guardia” es porque ya tenían la plaquita hecha, que no es plan de despilfarrar el dinero de los contribuyentes haciendo otra nueva y que siendo funcionarios se sobreentiende que los domingos no los vas a encontrar. Debe ser que los domingos nunca pasa nada. En ese momento el Getafe mete un gol al Madrid y nuestro problema pierde todo el interés de las fuerzas locales, o nacionales, o lo que coño sean.

Volvemos a casa resignados, cada uno a la suya y dios en la de todos sin pagar un puto duro de la hipoteca, que para eso es dios. Yo me quedo con las ganas de partirle la cara a alguien, aunque solo sea un poquito, y por eso escribo esto, que es un remedio tan inútil como cagarse en la puta.

 

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