Tras el rastro de Shem

Pero que bonito día hace…

15 Mayo 2007

Pero que bonito día hace…

Estoy en el curro, fuera hace un día espléndido, dentro amenaza tormenta y vuelvo a tener la certeza de que la estamos cagando. Menuda mierda de sociedad moderna. Yo no debería estar aquí, debería estar ahí fuera disfrutando de los días como éste, porque sé que en algún sitio está escrita la cifra concreta de los que me quedan y me jode malgastarlos. Pienso cuántos otros he dejado escapar por un estúpido enfado, o porque alguien estaba haciendo malabares con mi corazón, o incluso porque yo mismo lo tenía entre las manos sin saber qué hacer con él, como si fuera un objeto de un solo uso para mi cuando en realidad es (o debería ser) de un solo uso para los demás, porque en días así uno ve con claridad que no existen días así al lado de quien no te merece, y no por eso se dejan de descontar en la cuenta.

Pues hoy que estoy de un buen humor que hasta le doy los buenos días a las farolas, que se me escapa la sonrisa con tanta naturalidad que bien parece que le estoy tirando los trastos hasta a mi jefe, que incluso me da igual que en la batalla de esta noche mis fantasmas me hayan castigado duramente la espalda, pues como digo, un día tan cojonudo como hoy para el que no hace falta estar enamorado para sentirse feliz, para el que ni siquiera vale la excusa de estar enamorado para sentirse infeliz… y aquí me tienen, encerrado en la oficina.

Y como encerrado estoy no hay mejor día para hablarles de… puertas. Verán, cuando me entregaron el piso venía ya con unas cuantas puertas colocadas. Así, de serie, sin pedirlas ni nada. Qué majo el hijoputa del constructor, casi se me saltan las lágrimas cuando las vi, que detalle, puertas, y un váter pa cagarme en la madre que lo parió… si es que están en todo (disculpen, aprovecho cualquier ocasión para desahogarme, que le tengo guardadas unas cuantas…)

Hasta ahora la presencia de las puertas era meramente testimonial, exceptuando quizá la de la habitación donde duermo, pues es la única que cierro, para dormir en la más absoluta oscuridad. El resto… en fin, vivo solo, para qué voy a cerrarlas.

La cuestión es que ya no vivo solo y las puertas deben cumplir con su función: separar, aislar, preservar la intimidad del otro lado, o de ambos, limitar la visibilidad del interior. Básicamente que nadie te vea y que no veas a nadie cuando realizas esas acciones en las que el pudor propio y/o ajeno se ve amenazado. Por tanto, se acabó cagar con la puerta abierta, ni ducharme sin que el vaho se acumule. Se acabaron los paseos sin ropa, ni fumarme el cigarro desnudo en el sofá cuando salgo de la ducha. Se acabó cambiarme en cualquier parte. De la masturbación ya ni les hablo…

Reconozco que soy muy poco vergonzoso en cuanto al desnudo se refiere, especialmente al ajeno, y en el propio incluso dudo si la desvergüenza viene provocada por una pizca de exhibicionismo. Sea como sea, no me parece apropiado deslizarme por mi casa sin ropa sabiendo que seguramente ella se sentirá incómoda. Es posible que hasta pudiera malinterpretar mi actitud desinhibida.

Es curiosa esta sensación de aislamiento forzoso. Acostumbrado como estaba a verme reflejado en cada rincón de mi casa, donde me veía y reconocía, el hecho de tener ahora zonas “limitadas” me produce una extraña sensación de… pérdida, algo así como lo contrario a un miembro amputado al que no puedes ver pero aún sientes como parte de ti, a mi me ocurre que veo pero no reconozco esas partes de mi que ahora no parecen mías…

Igual la solución es precisamente ir en pelotas y dejarme de historias. O mearme por los rincones, no sé.

Pero que bonito día hace…

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