Tras el rastro de Shem

Have a nice day

29 Mayo 2007

Have a nice day

Con la típica acrimonia de los cuerpos castigados sin razón me levanto por las mañanas como en una suerte de azar extraño, ajeno a mí, como alma incomprendida alzada en virtud de un estúpido sacrificio a un dios sin criterio. De inmediato encuentro razones en mi memoria para despertar completamente y me siento en la cama despejado de ideas, despojado de ropa y/o viceversa. Me oriento entregado al hábito, distraído por los últimos pensamientos que perdieron el tren de la noche y mientras el tiempo se desplaza rápido en esta extraña y breve dimensión de los que amanecemos por obligación.

Orino, me ducho, desayuno, defeco y me fumo un cigarro en aleatorio orden dependiendo del día, la única variable entre constantes en la ecuación de la rutina. No miro el reloj, odio empezar con una cuenta atrás, por eso me levanto casi tres horas antes de la hora firmada en el contrato que domina gran parte de mi vida.

Preparo el uniforme, ropa ajena a mis gustos que me disfrazan de profesional independientemente de mi profesionalidad. No me gusta ser yo cuando no soy yo al completo pero es otra cláusula no escrita, implícita en mi contrato, que cumplo con resignación.

Preparo el desayuno, la comida más importante del día según algunos. Tal vez sea esa la razón de que siempre sea el mismo. Quizá debería desayunar tres veces al día y no complicarme con dietas variadas.

Recojo casco y portátil y salgo por la puerta.

Hoy, ya lo sabía, no me esperaba un buen día para ser informático. Aunque me gusta mi profesión, mi trabajo no siempre es agradecido con ella.

A media mañana he leído la tira de Dilbert y me he sentido terriblemente identificado.

Tira Dilbert 
Alma incomprendida… estúpido sacrificio… dios sin criterio. En esta religión que profesamos no se necesitan la fe ni las creencias porque los mandamientos vienen firmados por contrato. Y de eso no hay dios que se libre.

Que tengan un buen día. Mañana.

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