22 Junio 2007

Revisión

Hoy tocaba revisión médica de la empresa. Menuda mierda, a pasar la mañana en ayunas… con lo mal que me sienta no desayunar. No soy yo, no pienso, me quedo en blanco hasta el primer café. Supongo que por eso he perdido el botecito de orina. Me lo he dejado en alguna de las diversas salas que he ido visitando y una pobre enfermera, la que me lo ha pedido, ha tenido que buscar de sala en sala el botecito. Que romántico, nadie había hecho eso por mí antes, buscar mi orina perdida, mi agüita amarilla que decían aquellos.

Después me ha sacado sangre. Como la vida misma, primero te camelan con algún gesto enternecedor y luego te desangran. Por eso triunfan las mujeres, porque aplican en el trabajo las mismas técnicas con las que triunfan en su vida privada. Nos tienen calaos. Y así… es que no se puede, no hay nada que hacer. Salvo resignarse.

Cuando la chica ya tenía dos botecitos de sustancias íntimas, orina y sangre, que romántico todo, me ha hecho unas preguntas repasando el test que había rellenado al llegar. Una batería interminable de preguntas… joder, que vengo sin desayunar, ¿es que no lo entienden?

-¿Tienes problemas para orinar?
-Pues no (joder, sí que es importante esto de mear, he pensado)
-En el test has puesto que sí…
-Me habré equivocado…el único problema es que cuando meo no recuerdo donde dejo la orina, pero no sé si a eso se le puede considerar “tener problemas para orinar”…

Pues parece ser que no. Menos mal.

A continuación me han pasado a otra sala para hacerme un electrocardiograma y tomarme la tensión. El electro me lo han repetido tres veces. Tres. Ya pensaba que me había muerto sin enterarme. En fin, no sé porqué tanta repetición. Y de la tensión estoy bien pero me ha dicho la enfermera que tengo un pulso “muy fino”, casi no se oye. Y eso que al colocarme y quitarme los cables me ha puesto las tetas en la cara, con ese generoso escote que me gastaba la tipa. Que romántico. Pero nada oye, ni me he inmutado. Pulso normal, electro normal y encefalograma plano.

Es que yo sin desayunar soy un muñeco de trapo. No valgo pa na.

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18 Junio 2007

Diálogos

Ayer por la noche, como tantas otras veces, apagué las luces y me estiré en el sofá. Repasaba mentalmente un par de diálogos del fin de semana que me llamaron la atención porque despertaron ciertos recuerdos, algunos inesperados.

Primer diálogo

[…]
-¿… y sólo bebes cerveza?
-No puedo beber coca-cola, ni fanta, ni…
-Diabetes…
-Sí.

La palabra diabetes siempre me trae a la memoria, irremediablemente, el recuerdo de mi prima, fallecida hace unos 16 años. La muerte relativiza el tiempo en los recuerdos, o mejor dicho, lo inmoviliza inmortalizando algunas de las sensaciones últimas de la persona recordada y se guardan en la memoria asociadas para siempre a una secuencia de imágenes. En mi cabeza, aún ahora, con (casi) 32 años, mi prima sigue siendo mayor que yo a pesar de que su imagen corresponde a una joven de 19 años.

Con los vivos que desaparecen de nuestras vidas ocurre algo similar. Supongo que no sería un mal resumen de nosotros si pudiéramos recopilar el rastro que vamos dejando en todas esas vidas en las que nuestra presencia ha sido parcial.

Segundo diálogo

-… tio, cuatro semanas y otra vez papá… que cabrón, que poca consideración hacia tu especie.
- jajaja, bueno, bueno, ya te tocará a ti…
-O no, tio, o no. […] Y no creas que no lo he pensado… no tengo nada en contra de tener niños pero ahora mismo tampoco tengo nada a favor, ni lo veo como una experiencia necesaria en la vida. […] Yo ahora estoy muy bien como estoy, y es muy probable que de seguir así, no tenga nunca que criar un niño. Tener o no descendencia son dos opciones sin ningún peso significativo en mi felicidad.

Inmediatamente después de este diálogo, no sé muy bien porqué, dos frases memorizadas involuntariamente se precipitaron con brusquedad en mi cabeza, y volvió de nuevo el recuerdo de mi prima y esa extraña sensación de atemporalidad en la memoria

Bill Murray en “Lost in Traslation” dice

“… [los hijos] acaban convirtiéndose en las personas más deliciosas que conocerás en toda tu vida.”

Me pareció una forma preciosa de resumir el significado del amor de padre.

La otra frase procede de una carta manuscrita que un preso dictó a un compañero para que la hiciera llegar a su familia, poco antes de ser ejecutado en el Camp de la Bota (parte del actual recinto del Forum de Barcelona, donde más de 1700 personas fueron fusiladas por el régimen franquista al acabar la guerra) 

“…os ruego que no tengáis ninguna clase de venganza con nadie…”

Les dejo que extraigan sus propias sensaciones. A mí, desde luego, me estremece por varios motivos que no me apetece explicar.

El caso es que puedo imaginarme unas cuantas razones para haber relacionado estas dos frases, pero me cuesta ver por qué ambas me llevaron de nuevo al recuerdo de mi prima, y me despista aún más que todo provenga de haber reflexionado sobre la no descendencia.

Puede que…

… cuando decida morir, o cuando la vida decida quitarme ese privilegio de elección, me plantee qué quedará de mí, y en ese momento quizá no me conforme con ser el regusto final de recuerdos estáticos esparcidos en la memoria de los que me conocieron en algún momento, un personaje inmóvil de historias ajenas que tan solo cobra movimiento en anécdotas explicadas. Quizá prefiera perdurar en la memoria de alguien de una forma más activa, continua, y tal vez, en caso de no haber tenido descendencia, me arrepienta de ello.

O quizá me importe un carajo, como ahora. Pero entonces sigue siendo todo muy confuso.

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11 Junio 2007

Con ocho basta

Ocho formas de verme Ocho cosas sobre mí. Pocas cosas hablan tanto de uno como los elementos que encuentras en casa. Aquí hay algunos de ellos. A ver qué dicen… 

Vinilos y guitarra para zurdos

UNO: Parte de mis vinilos… muchos recuerdos de infancia, escenas de un niño que se paseaba por las tiendas de discos ojeando las portadas por puro placer, aquel que siempre pedía música como regalo de cumpleaños o reyes. La música me llega a lo más hondo, como nada más lo puede hacer, por eso en mi adolescencia, enrabiado por no saber tocar un instrumento, empecé a tocar la guitarra. Pero esa guitarra que ven es…

DOS: … mi guitarra para zurdos. Soy diestro pero me atraen los retos y por eso me empeñé en aprender a tocar con la mano contraria (además de la forma tradicional), fruto también de un absurdo razonamiento que ya expliqué en un antiguo post del dúplex. Me siento cómodo en los retos, potencialmente aprovechado, me motivan. En este concretamente avanzo lentamente, no le dedico mucho tiempo, pero ahí está, siempre presente, y ahí sigo, no tengo prisa por lograrlo porque…

TRES: … tengo una paciencia casi infinita. He guardado durante 17 años unas láminas de Luís Royo porque al comprarlas decidí que las colgaría cuando tuviera mi propio piso. Han permanecido así, bien guardadas hasta ahora. Con Royo nos vamos al cuatro.

Mi tesoro...

CUATRO: Mi tesoro más preciado, un boceto original de Royo, regalo además de una persona muy importante para mí. Descubrí a Royo a los 9 años y quedé impresionado. Siempre me ha atraído cualquier tipo de expresión artística, pero me impresiona especialmente la capacidad de trasladar a un lienzo la perfección del sentido de la vista. Ese interés inicial se ha ido depurando hasta apreciar, dentro de mis limitaciones, los filtros que el propio arte se aplica para derivar en corrientes de todo tipo.

Libros, dibujo y postal de Goya

CINCO: Reconocerán sin duda la postal apoyada en los libros. Los libros son la cenicienta de mis pasiones, la que siempre paga los platos rotos, la que siempre queda relegada por la falta de tiempo, la pereza y mi incapacidad de permanecer más de un minuto despierto con la cabeza apoyada en la almohada. No puedo leer por la noche si no es semisentado en el sofá. La lectura es también fuente de frustración, me produce un leve complejo de imbecilidad por mi incapacidad en retener datos a largo plazo.

Mi regalo...

SEIS: Mi regalo de cumpleaños (me lo he hecho yo mismo). Todavía queda más de mes y medio pero tengo cierta tendencia a ejecutar en el acto las decisiones que tomo, no me gusta darle demasiadas vueltas a las cosas. Asumo riesgos con facilidad porque he comprobado que las preocupaciones no matan. Aún así, los riesgos siempre pasan por el filtro de la prudencia, lo cual minimiza el impacto de un posible fracaso y facilita la asimilación porque como he dicho, los riesgos están asumidos antes de tomar la decisión.

Más guitarras...

SIETE: Y más guitarras. Éstas, sin embargo, nos hablan de mi acusado sentido de la practicidad. Cuando tienes poco espacio, guardar cuatro guitarras supone un serio problema, así que las he integrado en la decoración del piso. Lo práctico es bello, pienso, aunque soy consciente de que ustedes probablemente piensen que eso es una puta mierda.

 

Casi medio yo

OCHO: Un trozo de mí, eso es este blog, a caballo entre retrato y caricatura, medio personaje y medio alma desnuda. Cumple varias funciones, entre las cuales se encuentran cubrir la necesidad de expresarme más allá de las palabras que podría decir a alguien, reírme de mi mismo y analizar mi entorno.

 

Y basta ya de darles el coñazo que con ocho basta.

Actualización: Soy consciente de que la fotografía no entra dentro de mi habilidades y que se habrán dejado la vista con la puñetera postal. Es “Duelo a garrotazos”, un cuadro que me encanta.

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7 Junio 2007

Engranaje mental

EngranajeTodos utilizamos en mayor o menor medida nuestra culturilla general para amenizar las conversaciones. Los datos complementan los argumentos, realzan las ideas, consolidan posturas o simplemente adornan las explicaciones. Debe existir un complejo mecanismo por el cual nuestro cerebro selecciona de forma automática aquello que le parece oportuno en cada momento. Sin embargo, en ocasiones el engranaje chirría y sueltas involuntariamente alguna palabra inadecuada o que simplemente está fuera de lugar. A mi, además, me pasa a menudo que concluyo en extrañísimas asociaciones de ideas.

Quizá por eso ayer, cenando con unos amigos, mientras hablábamos sobre el milagro de la vida a propósito del reciente estado de embarazo de una de ellas, se me ocurrió hacer una reflexión en voz alta aportando mi granito de culturilla.

-Debe ser algo extraño tener un ser vivo dentro de ti… – y mirando fijamente a la referida añadí - Vi una película de Sigourney Weaver que trataba de lo mismo…

Neuronas chirriando en interminables segundos de silencio.

La ventaja de tener amigos que te aprecian es que te lo perdonan todo con unas risas.

Aún hoy sigo preguntándome por qué el cerebro humano selecciona de forma tan arbitraria entre todo lo que tiene almacenado. O tal vez no exista arbitrariedad. No… de hecho estoy convencido de que no, aunque no consigo discernir qué influye en cada selección. Tal vez un poco de todo, inteligencia, moral, lógica… seguramente debe ser cosa de ese conjunto ambiguo de características propias que llamamos personalidad.

Supongo que no hay forma de evitar que en ocasiones nuestra personalidad chirríe.

Juzguen ustedes mismos los comentarios que, a partir de este momento, encontrarán a continuación (¿pensaban acaso que no los leo?).

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