Engranaje mental
Todos utilizamos en mayor o menor medida nuestra culturilla general para amenizar las conversaciones. Los datos complementan los argumentos, realzan las ideas, consolidan posturas o simplemente adornan las explicaciones. Debe existir un complejo mecanismo por el cual nuestro cerebro selecciona de forma automática aquello que le parece oportuno en cada momento. Sin embargo, en ocasiones el engranaje chirría y sueltas involuntariamente alguna palabra inadecuada o que simplemente está fuera de lugar. A mi, además, me pasa a menudo que concluyo en extrañísimas asociaciones de ideas.
Quizá por eso ayer, cenando con unos amigos, mientras hablábamos sobre el milagro de la vida a propósito del reciente estado de embarazo de una de ellas, se me ocurrió hacer una reflexión en voz alta aportando mi granito de culturilla.
-Debe ser algo extraño tener un ser vivo dentro de ti… – y mirando fijamente a la referida añadí - Vi una película de Sigourney Weaver que trataba de lo mismo…
…
Neuronas chirriando en interminables segundos de silencio.
…
La ventaja de tener amigos que te aprecian es que te lo perdonan todo con unas risas.
Aún hoy sigo preguntándome por qué el cerebro humano selecciona de forma tan arbitraria entre todo lo que tiene almacenado. O tal vez no exista arbitrariedad. No… de hecho estoy convencido de que no, aunque no consigo discernir qué influye en cada selección. Tal vez un poco de todo, inteligencia, moral, lógica… seguramente debe ser cosa de ese conjunto ambiguo de características propias que llamamos personalidad.
Supongo que no hay forma de evitar que en ocasiones nuestra personalidad chirríe.
Juzguen ustedes mismos los comentarios que, a partir de este momento, encontrarán a continuación (¿pensaban acaso que no los leo?).