18 Junio 2007

Diálogos

Ayer por la noche, como tantas otras veces, apagué las luces y me estiré en el sofá. Repasaba mentalmente un par de diálogos del fin de semana que me llamaron la atención porque despertaron ciertos recuerdos, algunos inesperados.

Primer diálogo

[…]
-¿… y sólo bebes cerveza?
-No puedo beber coca-cola, ni fanta, ni…
-Diabetes…
-Sí.

La palabra diabetes siempre me trae a la memoria, irremediablemente, el recuerdo de mi prima, fallecida hace unos 16 años. La muerte relativiza el tiempo en los recuerdos, o mejor dicho, lo inmoviliza inmortalizando algunas de las sensaciones últimas de la persona recordada y se guardan en la memoria asociadas para siempre a una secuencia de imágenes. En mi cabeza, aún ahora, con (casi) 32 años, mi prima sigue siendo mayor que yo a pesar de que su imagen corresponde a una joven de 19 años.

Con los vivos que desaparecen de nuestras vidas ocurre algo similar. Supongo que no sería un mal resumen de nosotros si pudiéramos recopilar el rastro que vamos dejando en todas esas vidas en las que nuestra presencia ha sido parcial.

Segundo diálogo

-… tio, cuatro semanas y otra vez papá… que cabrón, que poca consideración hacia tu especie.
- jajaja, bueno, bueno, ya te tocará a ti…
-O no, tio, o no. […] Y no creas que no lo he pensado… no tengo nada en contra de tener niños pero ahora mismo tampoco tengo nada a favor, ni lo veo como una experiencia necesaria en la vida. […] Yo ahora estoy muy bien como estoy, y es muy probable que de seguir así, no tenga nunca que criar un niño. Tener o no descendencia son dos opciones sin ningún peso significativo en mi felicidad.

Inmediatamente después de este diálogo, no sé muy bien porqué, dos frases memorizadas involuntariamente se precipitaron con brusquedad en mi cabeza, y volvió de nuevo el recuerdo de mi prima y esa extraña sensación de atemporalidad en la memoria

Bill Murray en “Lost in Traslation” dice

“… [los hijos] acaban convirtiéndose en las personas más deliciosas que conocerás en toda tu vida.”

Me pareció una forma preciosa de resumir el significado del amor de padre.

La otra frase procede de una carta manuscrita que un preso dictó a un compañero para que la hiciera llegar a su familia, poco antes de ser ejecutado en el Camp de la Bota (parte del actual recinto del Forum de Barcelona, donde más de 1700 personas fueron fusiladas por el régimen franquista al acabar la guerra) 

“…os ruego que no tengáis ninguna clase de venganza con nadie…”

Les dejo que extraigan sus propias sensaciones. A mí, desde luego, me estremece por varios motivos que no me apetece explicar.

El caso es que puedo imaginarme unas cuantas razones para haber relacionado estas dos frases, pero me cuesta ver por qué ambas me llevaron de nuevo al recuerdo de mi prima, y me despista aún más que todo provenga de haber reflexionado sobre la no descendencia.

Puede que…

… cuando decida morir, o cuando la vida decida quitarme ese privilegio de elección, me plantee qué quedará de mí, y en ese momento quizá no me conforme con ser el regusto final de recuerdos estáticos esparcidos en la memoria de los que me conocieron en algún momento, un personaje inmóvil de historias ajenas que tan solo cobra movimiento en anécdotas explicadas. Quizá prefiera perdurar en la memoria de alguien de una forma más activa, continua, y tal vez, en caso de no haber tenido descendencia, me arrepienta de ello.

O quizá me importe un carajo, como ahora. Pero entonces sigue siendo todo muy confuso.

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