Amplitud limitada
Hay momentos, breves, casi fugaces, casi imperceptibles, en los que sin saber por qué, sin venir a cuento, intuyo de pronto la inmensidad del espacio que tengo sobre mi cabeza, siento la amplitud del cielo como si fuera la primera vez que lo viera y me invade una extraña sensación de libertad, como si en ese instante concreto del tiempo pudiera dar cualquier giro a mi vida, en cualquier sentido, en cualquier dirección, con la certeza de que todo va a salir bien.
Ayer, antes de ponerme el casco, de noche, en una calle oscura con el cielo encapotado y a la vez tibiamente iluminado por una luna baja, volví a sentirlo. Me ocurre a menudo, en cualquier circunstancia, da igual lo que esté haciendo, siento esa sensación de libertad que me proporciona durante un rato paz interior, es como un masaje interno bajo piel y huesos, directo al cerebro, a los pulmones, a los brazos. Me relaja, me calma, duermo y sueño despierto y lúcido, me dejo llevar por mis pensamientos.
Conducía hacia casa por la autopista apenas iluminada, apenas transitada a esas horas de la noche. Buscaba una razón. Nunca lo había hecho antes, pero ayer sí, quise averiguar de dónde surgía esa sensación, qué circunstancia pasada pudo provocar que yo me sintiera así de bien al contemplar en ocasiones ese cielo inmenso. Al fin y al cabo siempre era el mismo cielo, cada día estaba ahí arriba y alguna razón debía haber para percibirlo tan solo a ratos y para que esa percepción me proporcionara esa sensación de libertad.
Sin querer mis pensamientos se desviaron un poco tratando de encontrar la explicación y se fijaron en el hecho de que existen motivos diferentes en cada uno de nosotros que provocan idénticas sensaciones. Cada uno con su razón origen y su circunstancia desencadenante. Para mí es ese cielo. Para ustedes quién sabe.
El caso es que, al igual que en mis sueños de almohada, cuando sueño despierto también tiendo a recordar poco de lo que ha pasado por mi cabeza instantes después, especialmente si se trata de largos discursos internos. Tan solo vienen a mí recuerdos fraccionados, frases sueltas y sesgadas, aisladas, sin orden aparente.
De ayer recuerdo el último pensamiento antes de bajarme de la moto. Pensé que eran necesarias mis limitaciones cotidianas para sentirme completamente libre de vez en cuando. Sin embargo hoy no lo tengo tan claro.
Pero es que hoy el cielo no es tan amplio como ayer. Tal vez sea esta mi limitación.