De teatros y cementerios
A veces me siento como un actor encadenado a un teatro, siempre explicando las mismas historias sobre la misma vida. Y otras veces me pregunto si habré contado todas mis anécdotas por lo menos una vez. Y me entristece pensar que tal vez me dejé algo por decir, porque una anécdota no contada es un recuerdo muerto que convierte nuestra memoria en un cementerio de vivencias al que solo nosotros acudimos.
En mi camposanto mental tengo una fosa común abierta permanentemente donde van a parar los días de rutina, aquellos en los que, justo antes de dormir, tan solo podría destacar que sigo vivo.
Aunque a veces pienso que peor sería tener el teatro vacío.