27
Diciembre
2007
Todo tiene su momento. Por mucho que nos empeñemos en fijar una situación en el tiempo, la vida fluye, se mueve, y la misma situación estática cambia por el propio devenir de los acontecimientos y son las circunstancias las que definen y hacen diferente el momento.
Todo tiene su momento y por ese motivo el día 25 de Diciembre y posteriores no se puede tener colgado un Papa Noel en el balcón. Porque no es lo mismo, aunque lo parezca, que tenerlo colgado el día 24 y los inmediatos anteriores. No es lo mismo. Y cualquier niño avispado se dará cuenta que las circunstancias otorgan movimiento a esa figura estática y la hacen diferente. Esa figura que antes del 24 sube con un saco de regalos para llenar de felicidad a los niños, se presenta a partir del 25 (y no puede ser de otra manera) bajando las escaleras llevándose los regalos que había dejado poco antes. La lógica del momento y el movimiento, de la correlación, de lo evidente. Y el niño acabará traumatizado por la horrible visión de un Papa Noel malvado, rencoroso, perverso y cruel.
Todo tiene su momento. Y su manera. Por dios, cuelguen bien esos Papa Noel(es), que algunos, además, parece que están a punto de suicidarse.
24
Diciembre
2007
Quizá sea por falta de tiempo o tal vez por exceso de trabajo (o las dos) que a veces llego a casa cansado con la sensación de haber cumplido el cupo en mi trato con la raza humana, de haber llegado al límite en el que ya no me apetece hablar con nadie más, ni de que nadie me hable, ni quiero pensar en nada, o en algo, ni pensar que no quiero pensar. Simplemente me apetece vegetar, que mi cuerpo se ocupe, en su innata sabiduría inconsciente, de mantener mis constantes vitales. Y poco más.
Últimamente lo hago mucho esto de vegetar. Y me pongo insulsas pelis en el portátil de esas que no me hacen sentir emociones, tipo X-MEN y cosas por el estilo, no vaya a ser que me despierten el cerebro. O el alma. O lo que quiera que quede aquí dentro cuando salgo de trabajar.
No escribo, ni leo, ni toco la guitarra, hasta la frecuencia de masturbación ha disminuido. Y para ser sincero, apenas consigo sacar fuerzas de vez en cuando para limpiar. Tampoco tengo fuerzas para ensuciar y aún así creo que ensucio más que limpio. Injusticias de la vida. Pero noto que todo esto llega a su fin, que se está agotando este periodo de desconexión parcial.
Lo noto, aunque la verdad, ahora tampoco me apetece mucho pensar en eso. Pero la lógica me dice, sin necesidad de pensar, que tan solo el hecho de haber escrito esta mierda es indicativo de un cambio. Qué cosas. Aquí, en mi casa virtual, resulta que cuesta más ensuciar que mantenerla limpia. Y aún así, ensuciar de esta manera es una buena noticia. Qué cosas.