Un cuento para empezar la semana
Siempre bajaba la basura al amanecer, salía a comprar el pan pasada la medianoche, desayunaba en lugar de cenar y cenaba después de tirar la basura. Todo en su vida era desfase, doce horas exactas de retraso con respecto al mundo. Le gustaba vivir en ese estado permanente de pasado inmediato. Y siempre, siempre se cruzaba con ella cada vez que salía de casa.
Un buen día, cuando el sol anunciaba su turno, bajó como de costumbre a desprenderse de su bolsa de desperdicios diaria y se la encontró haciendo lo propio en el container. Se acercó y le dijo:
-Te he observado, tenemos las mismas costumbres. Creo que somos almas gemelas.
Ella sonrió con ternura.
-Eso mismo pensé yo ayer.
Dio media vuelta y desapareció.
Y allí se quedó él, triste y solo, con su mierda y su futuro inmediato en las manos.
Escrito el 18 Febrero, 2008 Hora 3:08
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