Tras el rastro de Shem

Sobre la memoria

17 Abril 2008

Sobre la memoria

El otro día, en el vuelo de vuelta de Asturias leí una entrevista en el periódico en la que el responsable de neurocirugía de un hospital hablaba sobre la memoria. Una entrevista interesante, sí, y me recordó además un retazo de historia, sin comienzo ni final, que tenía olvidado en una carpeta olvidada (doblemente olvidada, por tanto) de mi portátil. En la historia quería plasmar una idea pero no llegó a convencerme lo que escribí. No acababa de enfilar el texto y lo deseché como tantos otros. Hoy sigue sin convencerme porque no me parece demasiado claro pero después de haber leído la entrevista he decidido rescatarlo.

Aquí va.

-Me conozco, no quiero volver a enamorarme, al final siempre lo paso mal.

-Crees que te conoces – me dijo – pero en realidad no sabes quien eres. La percepción de uno mismo no es sino un cúmulo de recortes de la memoria que dan cierta consistencia a lo que piensas sobre ti, a tu personalidad.

El conocimiento de uno mismo no existe, es un engaño de tu mente, tan solo es una suma parcial de recuerdos propios que crean en tu cabeza la estructura de comportamiento necesaria para moverte por el mundo. Tú no eres tú tal como tú crees que eres, porque lo que tú crees que eres no es más que lo que recuerdas de ti mismo, un sinfín de vivencias pasadas que dan forma a un personaje. Podrías ser lo que quisieras si no tuvieras en cuenta nada del pasado, pero nuestro cerebro funciona así, necesita referentes para decidir el paso siguiente y estos referentes los encuentra en los recuerdos. No tiene otra forma. De hecho, si pudieras eliminar determinados momentos que tienes almacenados en tu cabeza probablemente te librarías de no pocos complejos e inseguridades.

En realidad, tu miedo a volverte a enamorar es fruto de tu memoria, no de tu conciencia y eso, amigo mío, deberías poderlo controlar.

-Así que mi ego vive siempre en el pasado.

-Sí, así es. Y evalúa el presente teniendo en cuenta todo lo anterior, lo cual, en ocasiones, como en tu caso, es una putada.

-Ya…

-Quizá esto te deje indiferente, quizá te limite aún más o quizá te libere y abra para ti un universo de posibilidades. En cualquier caso la clave está, seguramente, en lo que tu memoria crea conveniente recordar de ti.

-Te entiendo, pero tú mismo lo acabas de decir, los recuerdos no son voluntarios, no tenemos ningún control sobre lo que nuestra mente decide almacenar y lo que no.

-Tienes razón, pero podemos “dirigirla”. Por ejemplo, si ahora no te acercas a ella y le dices cualquier cosa te recordarás como un cobarde. ¿Quieres recordarte como un cobarde?

-No, claro que no.

-Pues ya tardas. Solo piensa que el miedo que sientes es resultado de unos simples recuerdos, nada más, solo recuerdos, y en tu mano está crear otros nuevos y diferentes.

Me levanté y me acerqué a su mesa…

Nunca supe empezarla ni acabarla, y me veo incapaz de explicar mejor la idea subyacente. Supongo que el haber leído una definición mucho más clara sobre la memoria y la percepción que tenemos de nosotros mismos me ha llevado a dejarla aquí y así olvidarme de una vez por todas de esta historia sin principio ni final.

Escrito en General | 15 Rastros
13 Abril 2008

Pesadillas

Últimamente tengo pesadillas. De vez en cuando suben de intensidad los sueños inquietantes que, desgraciadamente, vienen siendo jodidamente habituales, y me despierto acojonado, con la mandíbula dolorida de tanto apretar los dientes. Hace unos días creo que incluso me desperté por mis propios gritos.

En fin, parece que mis fantasmas hacen cola cuando cierro los ojos. Se lo deben estar pasando bomba los muy cabrones. Y claro, me conocen tan bien que saben perfectamente los resortes que activan mis miedos, mis inseguridades y remueven con maestría mis preocupaciones, mis frustraciones, dándole a todo un aspecto visual tan real que así me va por las noches. Sinceramente, me parece una cabronada… se esfuerza uno en contener toda esa mierda durante el día para que luego te sienten noche tras noche en la primera fila de tu festival personal del terror.

Pero algo ha cambiado desde que empecé a dormir mal. Si bien al principio me planteaba, justo antes de acostarme, diversas formas de afrontar el sueño con el fin de evitar toda esa mierda, ahora me descubro preguntándome qué hago mal durante el día para que todo ese mecanismo se ponga en marcha cuando apago las luces.

¿Qué estoy haciendo mal? Eso me pregunto. Y andaba dándole vueltas a eso mientras paseaba esta mañana cuando al volver, de forma consciente pero involuntaria, he pasado de largo mi casa y he continuado andando con las manos en los bolsillos procurando en todo momento que el sol no dejara de tocarme. De fondo, en mi cabeza, un canción de Dulce Pontes se repetía sin cesar envuelta en el silencioso ruido de las calles perezosas de mi ciudad. Y de repente, paz. Mi paso era lento, igual que mi respiración, mis pensamientos circulaban ordenadamente de oreja a oreja hasta que conseguía centrarlos con serenidad. Y así he podido regresar cargado de energía, ignorando aún qué hago mal pero con la certeza de saber qué debo hacer durante el día para recuperar mis noches tranquilas.

Así que mañana empiezo. No… mañana no, mañana tengo un día jodido y no podré. El martes. No, el martes tampoco, no voy a tener tiempo. Y el miércoles… joder, ¿qué estoy haciendo mal?

Escrito en General | 8 Rastros
3 Abril 2008

Sin tiempo

Sé que ahora mismo es una pérdida de tiempo esperar encontrar en mi rutina un momento libre para dejar transcurrir las horas sin hacer nada, con el único remordimiento de no estar aprovechando la ocasión para hacer todo aquello que no me da tiempo hacer, pero es la única esperanza que me deja un periodo agotador que no me gusta, que me ha robado mis momentos, y con ellos la esencia de lo que soy, porque es en ellos, precisamente, cuando más soy como me gusta ser.

Resumiendo, voy de puto culo. Y no me gusta. Pero nada de nada. Me jode compartir mi vida con las obligaciones más allá del tiempo máximo que suelo obligarme a cederles. Me gusta mi trabajo pero no así vivir en él. Estar inmerso en él. Dejo de escribir, dejo de leer, de tocar la guitarra, de cocinar, incluso dejo de dejar las cosas para otro momento porque no tengo tiempo de posponer nada ya que no hay nada que posponer excepto el propio descanso.

En fin, que vuelvo pronto, en cuanto pueda. En cuanto tenga tiempo. En cuanto le gane el pulso a las obligaciones y vuelva a ser el que era.