Sobre la memoria
El otro día, en el vuelo de vuelta de Asturias leí una entrevista en el periódico en la que el responsable de neurocirugía de un hospital hablaba sobre la memoria. Una entrevista interesante, sí, y me recordó además un retazo de historia, sin comienzo ni final, que tenía olvidado en una carpeta olvidada (doblemente olvidada, por tanto) de mi portátil. En la historia quería plasmar una idea pero no llegó a convencerme lo que escribí. No acababa de enfilar el texto y lo deseché como tantos otros. Hoy sigue sin convencerme porque no me parece demasiado claro pero después de haber leído la entrevista he decidido rescatarlo.
Aquí va.
-Me conozco, no quiero volver a enamorarme, al final siempre lo paso mal.
-Crees que te conoces – me dijo – pero en realidad no sabes quien eres. La percepción de uno mismo no es sino un cúmulo de recortes de la memoria que dan cierta consistencia a lo que piensas sobre ti, a tu personalidad.
El conocimiento de uno mismo no existe, es un engaño de tu mente, tan solo es una suma parcial de recuerdos propios que crean en tu cabeza la estructura de comportamiento necesaria para moverte por el mundo. Tú no eres tú tal como tú crees que eres, porque lo que tú crees que eres no es más que lo que recuerdas de ti mismo, un sinfín de vivencias pasadas que dan forma a un personaje. Podrías ser lo que quisieras si no tuvieras en cuenta nada del pasado, pero nuestro cerebro funciona así, necesita referentes para decidir el paso siguiente y estos referentes los encuentra en los recuerdos. No tiene otra forma. De hecho, si pudieras eliminar determinados momentos que tienes almacenados en tu cabeza probablemente te librarías de no pocos complejos e inseguridades.
En realidad, tu miedo a volverte a enamorar es fruto de tu memoria, no de tu conciencia y eso, amigo mío, deberías poderlo controlar.
-Así que mi ego vive siempre en el pasado.
-Sí, así es. Y evalúa el presente teniendo en cuenta todo lo anterior, lo cual, en ocasiones, como en tu caso, es una putada.
-Ya…
-Quizá esto te deje indiferente, quizá te limite aún más o quizá te libere y abra para ti un universo de posibilidades. En cualquier caso la clave está, seguramente, en lo que tu memoria crea conveniente recordar de ti.
-Te entiendo, pero tú mismo lo acabas de decir, los recuerdos no son voluntarios, no tenemos ningún control sobre lo que nuestra mente decide almacenar y lo que no.
-Tienes razón, pero podemos “dirigirla”. Por ejemplo, si ahora no te acercas a ella y le dices cualquier cosa te recordarás como un cobarde. ¿Quieres recordarte como un cobarde?
-No, claro que no.
-Pues ya tardas. Solo piensa que el miedo que sientes es resultado de unos simples recuerdos, nada más, solo recuerdos, y en tu mano está crear otros nuevos y diferentes.
Me levanté y me acerqué a su mesa…
Nunca supe empezarla ni acabarla, y me veo incapaz de explicar mejor la idea subyacente. Supongo que el haber leído una definición mucho más clara sobre la memoria y la percepción que tenemos de nosotros mismos me ha llevado a dejarla aquí y así olvidarme de una vez por todas de esta historia sin principio ni final.