Hace un tiempo todo parecía ir mal. El trabajo, mis planes, mi vida, todo escapaba a mi control y tenía la sensación de no llevar las riendas en nada. Me esforzaba, o creía que me esforzaba, tal vez no lo suficiente, no sé, pero sentía que sí, que era suficiente. Aunque da igual, ese es otro tema, otro post. La cuestión es que toda aquella mierda salpicaba más que un jacuzzi lleno de gremlins y llegó a afectarme hasta tal punto que mi cuerpo somatizó los problemas.
El tiempo pasó y las cosas se enderezaron poco a poco. El trabajo, mis planes, mi vida, volvieron a estar bajo control sin haber hecho yo ningún esfuerzo, o así creía que había sucedido. Se superaron todas las expectativas de cambio… desaparecieron las cicatrices, me dejé nueve kilos en el camino y recuperé la forma física de cuando tenía veinte años casi sin darme cuenta.
Ahora, cuando todo está en calma, me recuerdo hipnotizado viendo la mierda volar a mi alrededor y sin hacer nada.
Ni una cosa ni la otra. Ni me esforcé tanto entonces ni salí de aquello sin hacer nada. Ni era tan difícil cuando estaba en medio del remolino ni era tan fácil como parece ahora. Lo que sí es cierto es que no veía más allá de los problemas.
A veces tengo la tentación de hacer una valoración positiva por aquello de buscar un sentido a lo que has pasado pero al final tengo la sensación de estar sumando churras y restando merinas. Y la verdad, qué más da, si da igual, no pasa nada por haber pasado una etapa jodida y no sacar nada en claro, no pasa nada si no aprendes de los errores porque, además, la próxima vez nunca es igual. Los planes, las personas, las circunstancias, todo, absolutamente todo será diferente, things will never be the same, si esto se ha cantado miles de veces. Y aunque la influencia de lo vivido muy probablemente te hará tomar otras decisiones lo cierto es que la puedes volver a cagar. Y no pasa nada.
Parece que solo la despreocupación sirve de algo. No arregla las cosas, casi nunca arregla nada, pero el tan recurrido que le den por culo, a tomar viento, si no quieres que el árbol te impida ver el bosque mea más lejos del tronco o vete a cagar a la vía, todo eso minimiza los quebraderos de cabeza y, por lo menos, mete uno la pata más tranquilito, sin somatizar ni hostias.
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