…tener mi vida por escrito para no tener que volver a contarla nunca más. Cada vez resulta más cansino conocer a alguien y volver a repetir las mismas anécdotas, las mismas miserias, hablar de tu familia, de tus amigos, de tu relaciones pasadas, de los polvos que no llegaron a nada, de tus trabajos, el de ahora y el anterior, y el anterior al anterior, y así hasta llegar a tu etapa de facultad, el instituto, el cole, tu infancia, volver a enumerar lo que te gusta, lo que no soportas, hablar de tus sueños, tus miedos, de la música que te ha marcado, las pelis que recuerdas…

Cansa, porque además, en condiciones normales, a un ritmo de relación estándar, sin convivencia, cuando has recitado todo eso ha pasado mucho tiempo y normalmente la relación se encuentra en su etapa final, se rompe al poco, levantas otra vez la banderita verde y con el tiempo, quieras o no quieras, conoces a alguien y vuelta a empezar. Yo he calculado a ojo que, más o menos, tardo alrededor de un año en ventilarme lo más interesante de mi vida. A partir de entonces si hablo de mí soy un coñazo.

Dan ganas, de verdad, en serio lo digo, de ir a la primera cita con un fajo de folios bajo el brazo, sin encuadernar ni nada, con una puta grapa y una portada en Times New Roman tamaño 34, negrita y subrayado que ponga “esto es lo que hay”, lanzarlo encima de la mesa en la primera cerveza y decir “míratelo en casa y si no ves nada raro mañana si eso ya follamos y lo que encarte”. Y no explicar nunca más que en octavo de EGB estuve a punto de ir al Campeonato de Catalunya de fútbol sala después de habar ganado con el equipo del cole la liga local, la territorial, la comarcal pero que no pude ir porque me coincidía con el viaje de fin de curso a Mallorca y claro. Claro. Esta mierda de anécdota la he explicado a todas las parejas que he tenido, a todas, sin excepción, e incluso a algún polvo intranscendente. Y pienso, a quien carajo le importa. Pero es que tarde o temprano (en mi caso, en el primer año) siempre viene a cuento. Es inevitable.

Con lo fácil que sería  llegar a la página 20, o al capítulo 4 “De mis logros deportivos”, y quien quiera que lo lea y quien no que se lo salte. En cualquier caso lo da uno por explicado y no aburre al personal ni se aburre uno mismo volviendo a rememorar la pre-adolescencia porque para eso ya tengo a mis ex compañeros de equipo con los que me lo paso bomba hablando una y otra vez de estas cosas porque, la verdad, lo de Mallorca estuvo de puta madre, y qué risa cuando nos echaron del hotel, y joder, vaya partidazo que hicimos en la final contra aquellos gilipollas y blablablá.

Es muy cansino, ¿que no?