31 de Mayo de 2006
“Antes miraba a los ojos
¿Se han fijado ustedes en los pies? Ahora solo miro los pies. Me gusta pasear por la rambla, rebosante siempre de pies, grandes y pequeños, graciosos y serios, ligeros y pesados, todos me dicen sobre vuestra forma de andar, me hablan de vosotros. Los decididos con paso firme y uniforme; los indecisos con la torpeza del que no sabe a donde va, o a donde llegará; los enamorados pisan con delicadeza, como si caminaran sobre pétalos de rosa; los buenos amigos siguen el mismo paso, los malos amigos van a destiempo; los solitarios de corazón dan pasos cortos al ritmo de su latir; y luego está el de la vieja resignada, caminar arrastrado a punto de extinguirse; y el del policía, calmado, orgulloso y altanero, con la puntera ligeramente abierta como dando suaves puntapiés. Os nombraría a todos pero os puedo clasificar en tres formas de andar por la vida: los que simplemente se desplazan, los que se conforman con caminar y los que desfilan.
… pero antes miraba a los ojos
¿Se han fijado ustedes en las rodillas? Ahora solo miro las rodillas. Me gusta mirar las rodillas cuando me siento en el banco del parque. Algunas son lisas, la suave continuación del muslo, otras una gran protuberancia ósea y muchas con cicatrices de una niñez inquieta y traviesa. Sé como sois por vuestra forma de sentaros. El confiado apenas las dobla y las separa ligeramente; el nervioso las dobla replegando los pies de puntillas bajo el asiento; el inseguro junta las rodillas y entrelaza los pies a las patas de la silla; el despreocupado las estira y los cruza por delante; el pasional repliega igual que el nervioso pero cruza los pies debajo del asiento. Os puedo clasificar en tres grupos según articuláis las emociones igual que las rodillas: los que las escondéis debajo de vosotros, los que las utilizáis equilibradamente para mantener una posición firme y los que dejáis que vayan por delante vuestro perdiendo cualquier tipo de movilidad y control.
… pero antes miraba a los ojos
¿Se han fijado ustedes en las manos? Ahora solo miro las manos. Me gusta observar qué hacéis con vuestras manos cuando esperamos en la parada del autobús. Algunas son finas y delicadas, otras ásperas, endurecidas por el trabajo, y muchas cargadas de anillos y pulseras. El movimiento de vuestras manos me habla de cómo sois, de vuestras debilidades. El reservado cruza los brazos y las esconde bajo sus bíceps; el prepotente también los cruza y las esconde pero deja los pulgares al aire; el resignado se las guarda en los bolsillos del pantalón; el ingenuo estira los brazos hacia abajo y se coge las manos por delante; el que no espera nada de la vida lo mismo pero por detrás. Os puedo clasificar en tres grupos según la manera de aferraros a vuestros miedos: los que lo ocultáis para que nadie lo sepa, los que lo mostráis para que los demás se apiaden y los que lo dejáis atrás porque no tenéis esperanza.
… pero antes miraba a los ojos
¿Se han fijado ustedes en mi cara? Sí, claro que se han fijado, no veis otra cosa más que esta horrible cicatriz, no miráis más allá de la deformidad de mi rostro, no os dais cuenta que yo también tengo manos, rodillas y pies, no queréis ver como soy, como ando por la vida ni como siento las emociones. Por eso yo no os miro a los ojos, porque no quiero ver lo que veis, porque me horroriza aún más que el reflejo de mi desgracia. Si mirarais un poco más, si os dignarais a bajar la mirada descubriríais el miedo en el temblor de mis manos, el terror de la soledad en la rigidez de mis brazos, todo mi ser replegado bajo las rodillas, aprisionado por la tortura de no tener expresión en la cara,
de tener que andar esquivando vuestras miradas. Pero si mirarais un poco más, tan solo un poco más os daríais cuenta que mi cuerpo entero anhela vuestra compañía, que necesito volver a miraros a los ojos y sentirme humano en vuestras pupilas. Antes lo hacía, pero ahora ya no quiero hacerlo más.
¿Y ahora que veis, qué estáis mirando? ¿acaso os extraña ver mi cuerpo colgado de esta soga improvisada?”
Amigos, no tengo nada interesante que explicar del dúplex así que recurro a la imaginación. Pensamientos de cafetería.
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