Tras el rastro de Shem

Siguiendo los pasos del esclavo huido

Sobre plagas y variantes de la mosca cojonera

Viernes, 14 de julio de 2006

¿Como creen ustedes que afectaría a nuestras vidas si de pronto hubiera en nuestro país 15.000 millones de insectos más? Aunque les parezca un tanto extraño es una pregunta que me hecho muchas veces. La explicación es bien sencilla, siéntense…Recientemente realicé en coche un viaje medianamente largo y al volver, como tantas otras veces, me hice la misma pregunta de siempre. No sé si ustedes se han fijado alguna vez (o tal vez lo hayan hecho pero no les haya despertado ningún tipo de curiosidad) en la cantidad de insectos muertos que se quedan estampados por impacto en la zona frontal de nuestros vehículos. Bien, ahora un pequeño ejercicio de estadística casera:-Así, a ojo, debía haber unos 200 insectos repartidos entre el parabrisas, retrovisores, capó y parachoques. Seguramente más, pero 200 es una cifra cómoda y suficiente para mi propósito.-Según la DGT este verano se realizarán 75 millones de desplazamientos.

-Supondremos que a nadie se le ocurre circular esquivando insectos (aunque por la manera de zigzaguear de algunos sí lo parece, pero son pocos).

Con un sencillo cálculo obtenemos la cifra antes mencionada: 75 millones de desplazamientos x 200 insectos = 15.000 millones de insectos muertos tan solo en el periodo estival. Parecía exagerado al principio, ¿verdad? Les aseguro que es una cifra real, y seguramente, teniendo en cuenta las aproximaciones a la baja y abarcando la totalidad del año, no sería difícil llegar a los 20.000 millones…

El turista por tanto es una especie que contribuye al equilibrio natural de nuestros ecosistemas. Calentamiento global, efecto invernadero, destrucción de la capa de ozono, contaminación… nada de todo eso es comparable a la catástrofe que supondría que un año nos quedáramos todos sin vacaciones. Este país sería un auténtico infierno sumido en una especie de plaga de proporciones bíblicas.

Personalmente no les tengo ninguna lástima a esos bichejos a pesar del continuo exterminio al que se ven sometidos año tras año. Y de todas las especies, el mosquito es al que menos. Seguramente todos esos organismos tengan una función concreta en la naturaleza y por eso existen, sin embargo el mosquito me parece un claro ejemplo de una mala evolución, casi contradice al propio concepto de evolución.

Los seres vivos se han ido transformando lentamente con el tiempo, la evolución ha ido cambiando su morfología según un patrón definido principalmente por sus necesidades de supervivencia, por eso, desde mi punto de vista hubiera sido más inteligente que el mosquito hubiera encontrado la manera de conseguir alimento sin molestar, porque lo que a todos nos fastidia no es que un bicho se lleve un poco de nuestra sangre sino que luego la picadura te pica, y mucho. Y como eso jode utilizamos toda suerte de artefactos y productos químicos para exterminarlos.

Toda esta reflexión de hoy sobre los insectos viene a cuento porque esta noche he dormido fatal, un mosquito me ha picado en los testículos. Eso me pasa por dormir desnudo en estas noches calurosas. Me habían picado en muchas partes, incluso en el párpado, pero en los testículos nunca, y no se imaginan lo que molesta.
Los hombres, como todos ustedes saben, tenemos tendencia natural a rascarnos los huevos (no que seamos vagos sino literalmente, sin más). Debe ser un poso evolutivo de cuando éramos monos, lo hacemos sin ningún propósito en especial, lo hacemos y punto, no le busquen ninguna explicación porque no la hay. Podría pensarse entonces que los testículos serían tal vez la parte más oportuna para que te pique un mosquito; puestos a rascarse mejor en una parte donde lo haces habitualmente, así la acción será más natural. Pero no, les aseguro que no es así.

Normalmente de madrugada cuando estás medio dormido tardas un tiempo en ser consciente de que te ha picado un mosquito así que al principio no puedes evitar rascarte con energía en un acto reflejo de semi inconsciencia. En mi caso esto provocó una extraña sensación de desconcierto al encender la luz y ver que tenía las pelotas como las de un elefante (en ningún momento esta analogía con el elefante pretende comparar otras partes no mencionadas, como la trompa, ejem).

Aún no me he preparado para los rigores del verano (a excepción de aprovisionarme de un necesario ventilador), por eso, al despertarme y ver semejante habón caí en la cuenta de que todavía no tenía ningún producto para combatir este tipo de picaduras. Necesitaba algo urgentemente, no podía pasarme la noche con ese escozor. Mientras buscaba alguna crema (la que fuera, me daba igual) seguía sin poder evitar rascarme. Todos conocemos la sensación de alivio que produce rascarse una picadura, un gustirrinin momentáneo que te calma por un instante, y esto provocó, dada la naturaleza del lugar, que tuviera una erección, tal vez la más extraña que he tenido nunca. Como estaba desvelado me hubiera costado bien poco acabar la faena… ya que estaba puesto y con las manos en el lugar… Pero la masturbación mientras me rasco los genitales es un ejercicio de coordinación para el que no estoy preparado todavía. Bien mirado la combinación de sensaciones, alivio y placer, puede resultar interesante aunque en aquel momento tenía otras prioridades. Una crema era lo que necesitaba.

Soy un desastre con los medicamentos, se me olvidan con facilidad los nombres y los usos, a prácticamente todo le llamo primperan pues es lo único que me viene a la memoria (primperan para la tos, para la fiebre, para el dolor de muelas…) y a veces cometo la imprudencia de tomarme un medicamento si la caja me produce la suficiente confianza. Total, es un medicamento, qué mal me puede hacer, y en todo caso si no está indicado para eso el efecto placebo hará el resto. La cuestión es que estaba tan desesperado que me hubiera frotado un gelocatil solo por probar suerte pero finalmente encontré una crema aunque desconocía para qué servía. El prospecto no estaba y el nombre no me daba ninguna pista. Dudé porque me sonaba vagamente a que podía ser una para hongos en los pies que tuve que comprar cuando vivía en casa de los policías. Los testículos son una zona delicada así que traté de razonar que podría pasar si la crema realmente sirviera para lo que yo sospechaba. Haciendo memoria recordé los picores entre los dedos y encontré ciertas semejanzas en los síntomas. Pues nada, seguro que servía. Un poquito de crema y listo.

Ahora, para continuar durmiendo con tranquilidad solo faltaba que desapareciera esa inoportuna erección. Tras untar los testículos con una supuesta crema para hongos y con el firme propósito de no rascarme más, desaparecía la opción de probar esa dualidad de placeres. Quedaba el método habitual (hacerlo sin más), pero me seguía sintiendo un tanto extraño con todo aquel asunto… los testículos parcialmente hinchados, parcialmente blancos por la crema, anormalmente rojos por la picazón, el aturdimiento de las 3 y media de la madrugada… era todo raro y decidí descartarlo. En su lugar opté por fumarme un cigarro en el balcón y pensar en cosas sexualmente poco estimulantes. Antes de dar la última calada todo volvió a la normalidad y pude apagar la luz con tranquilidad. Eso sí, me puse unos pantalones cortos de futbolista por si el malvado mosquito seguía al acecho de mis testículos.

No quiero ni imaginar lo que hubiera supuesto para mis genitales que esta noche hubiera habido en este país, por decir una cifra, 700 millones de mosquitos más.

Por eso viajen, por favor, viajen.

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    […] Digo yo que cuando un amigo te pone al cuidado de un bicho de estos debería dejar, como mínimo, un librito de instrucciones porque me encuentro que no sé cómo coño se apaga el pájaro éste cuando me apetece silencio, joder, que ya no puede uno ni masturbarse en calma tumbado en el sofá sin cerrar los ojos y tener que imaginarse por cojones que está en el campo, que a mí me gusta controlar mis fantasías y no me cuadra la rubia en el ascensor con la piada de un jilguero clavada en el cerebro. Que cuando quiera fantasear con la rubia en el campo no me hacen falta pájaros, me frotaré una rama de olivo por los huevos, que de esto, oiga, sé un rato. […]

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